Estonia, el primer país del Báltico

Estonia y Letonia fueron dos países bálticos que visité durante el transcurso de una misma semana. Eran de este tipo de semanas en las cuales aprovechaba los días después de Pascua para realizar salidas cortas por Europa, conociendo así pequeñas joyas escondidas que durante pocos días conseguían satisfacer mi cuerpo y mi mente al salir de mi rutina diaria.

De este viaje recuerdo todavía con mucha claridad su capital Tallin, sus iglesias, la isla de Saaremaa, los palacetes de verano de los zares, las singulares playas del Báltico y aquellas largas carreteras donde había abetos a cada costado, y donde parecía que el tiempo se ralentizaba creando a cada paso una narcótica paz natural.

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