Nordeste de Brasil, el corazón negro

En mi segundo viaje a Brasil elegí el nordeste porque tiene que ver con el alma africana de Brasil, donde la cultura negra tiene más peso que la indígena. Ese Brasil de la despreocupación por el futuro más inmediato, del placer de la vida por encima de cualquier otra cosa: cachaza, sexo, baile, capoeira y conversaciones a la puesta de sol, rindiendo culto a los dioses.

Incluso cuando a uno se le hace difícil hacerse entender en portugués, uno se encuentra con la sonrisa espontánea de sus habitantes. Gente que disfruta únicamente del hoy, apasionados por el puro placer en forma de deporte, música y amor. Un pueblo vital que se desborda a sí mismo.

El nordeste comienza a estirar los brazos en su despertar. En este entramado de dunas, playas extensas, barrios, iglesias y conventos que son patrimonio colonial, Brasil es un coloso agitado que hoy sabe compartir su apreciado éxtasis.

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