Las Corn Islands están situadas en la costa caribeña de Nicaragua y fue el colofón de mi viaje en este país. Muchas veces termino el viaje en islas donde poder descansar y disfrutar de los últimos días del viaje.

Para llegar a ellas hay que pasar antes por la ciudad de Bluefields. Situada en la boca del rio Escondido, es la capital del reggae y de la música calypso.

Con una riqueza cultural importante ya que se hablan cuatro lenguas: el español, el creole, el inglés y el miskito tal como lo muestra el monumento del Parque Central donde se entrelazan las cuatro culturas: garifonos, ramas, mestizos y miskitos.

A 70 kms de tierra firme se esconde un remanso de paz y naturaleza, el archipiélago de las Corn Islands (Islas del Trigo) formadas por dos islas: La Grande (Big Corn) y la Pequeña (Little Corn) también conocida como La Islita.

Un vuelo de quince minutos me deja en la isla Grande. Alquilo un taxi que me lleve a conocer los mejores lugares y playas que se encuentran en la mitad sur. La más popular es South West Bay de aguas turquesas, arena dorada pero la más bonita es Long Bay con sus silbeantes palmeras.

Playa en Isla Grande

La isla es tranquila con una población local no acostumbrada al turismo pero de apariencia amigable y muy sosegada que siempre vuelven un saludo y una sonrisa.

El interior de Isla Grande es un remanso de paz

Dejo la Isla Grande para coger una panga, el nombre que reciben las barcas locales y en cuarenta minutos piso la Isla Pequeña también conocida como La Islita.

No tenía lugar donde alojarme y me dejé llevar por las recomendaciones de la gente de la isla. Quería estar en un bungalow frente al mar aislado del pueblo. Y acerté de lleno en alojarme en casa el Stedman, un local de la isla con unos bungalows de madera sencillos delante la playa con dotes de buen cocinero con comidas de pescado y langosta de sabor caribeño que siempre eran un placer.

Mi cabaña delante de la playa en la Islita

En la Islita no circulan coches, ya que no hay carreteras, es un pequeño paraíso de no más de 3 km en su cara más larga.

Que hice? Básicamente, relajarme. Aquí no hay una gran variedad de alternativas. Y pienso que aquí está su encanto: de tumbarte en una hamaca en una playa de agua cristalina y alternar las zambullidas con una buena lectura o una buena conversación.

Durante el día tenia mi rincón en la isla: esta hamacas que me acompañaban con agua de coco

Probablemente no sea la isla con mejores playas del Caribe pero la mayoría de ellas tienen una pequeña franja de arena blanca y muchas algas justo antes de entrar al agua. Pero el color turquesa y la transparencia del océano es totalmente ‘made in’ Caribe.

Caminaba por playas vacías rodeado de aguas claras color turquesa

Disfruto de unos días de placer donde llegas a todos los lugares a pie. A veces en menos de una hora dabas la vuelta a la isla o la cruzabas buscando rincones poco explotados disfrutando de hermosas playas solitarias como la punta norte donde me esperaban unas hamacas colgadas entre palmeras, la música de fondo de las olas y un paisaje de azules marinos eso si acompañado siempre de un coco fresco.

Este sitio es capaz de hacerte sentir la soledad del aislamiento ya que apenas escuchas ruido. Son los momentos de las puestas de sol donde la brisa se sentía deliciosamente pura y sólo cambiaban los colores del cielo.

Atardecer en la Islita

Es por eso quizás que La Islita es una de estas islas tan desconocidas que hacen que se mantenga como uno de los paraísos olvidados del Caribe. Pero lo mejor es darse prisa, es el secreto mejor guardado de Nicaragua, pero no por mucho tiempo.